Inseminación Artificial

La inseminación artificial (IA) es una técnica de reproducción asistida mediante la cual se coloca una muestra de semen (pareja o donante) en el útero de la mujer. Así conseguimos aumentar las tasas de embarazo entre un 15-30%, aunque esta cifra puede variar según la edad, historial médico y reproductivo, reserva ovárica, calidad seminal…

Casos en los que está indicada la IA:
  • Mujeres con alteraciones en la ovulación.
  • Mujeres con alguna alteración cervical o uterina.
  • Parejas en las que el hombre presenta anomalías leves o moderadas en la calidad de los espermatozoides.
  • Si existe imposibilidad de dejar los espermatozoides en el útero de la mujer (eyaculación retrógrada, eyaculación precoz, impotencia…).
  • Parejas con esterilidad de origen desconocido.
Casos en los que está indicada la IA con semen de donante:
  • Parejas en las que el existe mala calidad seminal o ausencia de espermatozoides.
  • Mujeres sin pareja o con pareja del mismo sexo.
  • Enfermedades genéticas del hombre que pueden transmitirse.
Proceso

Para realizar esta técnica es necesario estudiar el ciclo ovárico de la mujer; se puede realizar una estimulación ovárica y así aumentar las probabilidades de embarazo.

La estimulación ovárica, se realiza mediante la inyección de hormonas gonadotropinas diariamente durante 10-12 días. Así conseguimos que el óvulo madure. Es muy importante controlar este proceso, ya que existe riesgo de embarazo múltiple si se produce la maduración de muchos óvulos.

La maduración de los folículos se puede controlar por ecografía vaginal y por la detección del estradiol en sangre. Cuando los folículos han alcanzado la madurez (16-18mm) se provoca la ovulación mediante la inyección de hCG recombinante.

Por otro lado, debe prepararse la muestra de semen; se seleccionan los espermatozoides de mejor movilidad y morfología. En el caso de que el semen sea de donante, la muestra habrá que descongelarla previamente.

Según donde se deposite el semen distinguimos entre inseminación intravaginal, intracervical, intratubárica, intraperitoneal e intrauterina, siendo ésta última la más frecuente.

La inseminación, normalmente se realiza a las 36 horas tras la inducción de la ovulación. Para la introducción de los espermatozoides se utiliza una cánula.

La técnica no requiere anestesia y se realiza de forma ambulatoria.  Tras la inseminación es suficiente con que la mujer realice un reposo de 30 minutos, por lo demás no tiene que realizar ninguna medida preventiva salgo no realizar esfuerzos.

Es frecuente que el ginecólogo indique a la mujer que se administre progesterona vía vaginal y así favorecer la implantación del óvulo fecundado.

A los 12-15 días tras la inseminación, la mujer puede realizarse el análisis sanguíneo de la hormona beta-hCG que determinará si ha habido o no implantación y, por tanto, si está embarazada.

 

Inseminación artificial y fertilidad

Las principales ventajas de la IA es que es una técnica sencilla, que no requiere intervención quirúrgica, que presenta tasas de embarazo superiores al coito programado, aunque inferiores a la fecundación in vitro (FIV) o a la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI).

Como inconvenientes pueden citarse los relacionados con la estimulación ovárica, como el embarazo múltiple o el síndrome de hiperestimulación ovárica. La incidencia de embarazo múltiple se puede controlar con la dosis de medicación, el control ecográfico y mediante la interrupción del ciclo cuando existe una respuesta inadecuada.

La mayoría de embarazos se consiguen en los cuatro primeros ciclos, si no se logra el objetivo deberían utilizarse otras técnicas de reproducción como FIV o ICSI.

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