Nuevos pasos…

La espera se hacía interminable, siempre que sonaba el teléfono pensaba que sería del hospital, pero la cita nunca llegaba.

Mientras tanto veía como en su entorno llegaban más embarazos, y ese sentimiento contradictorio la envolvía en una tristeza indescriptible.

Y por fin llegó la primera cita, el Essure había implantado perfectamente y ya podían empezar el ciclo de FIV, al ser heterocigota para el gen de la protombina, además de los pinchazos  propios de cualquier tratamiento de fertilidad, debía pincharse una vez al día heparina, pero eso ya lo tenía asumido, estaba tan feliz por empezar, eran tantas las esperanzas puestas… sin imaginarse nunca como se iban a desarrollar los acontecimientos.

Era el mes de mayo, la doctora Armijo le pautó un ciclo largo, en el que empezaría con Decapeptyl durante los 14 primeros días del ciclo, para luego estimular con Menopur.

Empezó el tratamiento con toda la ilusión del mundo, se llevó sus agujas y medicación al congreso que ya tenía programado, pinchándose sola en la habitación del hotel, su marido no pudo acompañarla en esos días. A la vuelta del congreso, llegaron a la primera cita, ecografía, esa sensación de miedo cuando ves la cara de la persona que está haciendo la eco, y mira a su compañera, “Tus ovarios no están respondiendo como cabría esperar, debemos aumentar la medicación”, “Relájate este fin de semana, es mejor que no trabajes tanto”.

 

Anuló su ponencia en Oporto, y se quedó en casa todo el fin de semana, relajada, esperando un milagro, un milagro que nunca llegó.

Lunes, 11:30 de la mañana, en esa sala de espera fría, viendo pasar embarazadas, y pensado si algún día se vería igual.

Sentada esperando la ecografía, mismas caras, mismos susurros, doctora Lobo, “Debemos anular este ciclo, solo tienes un folículo activo, no merece la pena hacer punción”, “Si paramos ahora no contaría para el computo de dos ciclos, creemos que es lo mejor”.

Semana siguiente, misma sala de espera, una vez dentro la doctora Armijo, la indica que van a tratarla con Decapeptyl trimestral para  dejar en reposo sus ovarios todo el verano e intentar otro ciclo. “Conozco a una doctora que hace acupuntura, una compañera nuestra tras muchos intentos fallidos probó, no se si fue por eso, pero a ella le ayudó, quizá deberías probarlo”.

Llegó a su casa, con el teléfono de la doctora Yunhua Li en sus manos, pensando que era una locura, y que poco podría hacer la medicina tradicional china en un caso tan complicado como el suyo, en el que si la terapia alopática no había conseguido nada, poco iba a conseguir algo sin mucho fundamento, sin saber, que ese momento le cambiaría su vida y su mentalidad para siempre.

 

 

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