Sin palabras

No tengo palabras para explicar como me sentí aquel día, yo nunca había puesto interés en revisar mis pechos, pero esa misma mañana habían explicado en la televisión la importancia de hacerlo, y cómo se hacía. Pensé que debía asumirlo en mi rutina como lavarme los dientes.

Es imposible explicar el momento en el que al levantar el brazo y empezar a buscar como habían explicado, noté un pequeño bulto cerca de mi axila izquierda, todo mi cuerpo se erizó y un sudor frío me invadió, miedo, solo puedo describirlo como miedo, tenía 31 años.

“Seguramente es un quiste hormonal”, me decía una amiga, “llevas mucho tiempo con la píldora y como la has dejado para quedarte embarazada pues tu cuerpo esta loco”.

Ahí estaba sentada delante de la ginecóloga, recuerdo como miraba los análisis y la ecografía de mama que me habían mandado, “será mejor que hagamos una biopsia Cristina, puede que no sea nada, pero tenemos que curarnos en salud”. Recuerdo esos 10 días esperando los resultados como si el tiempo hubiese pasado a cámara lenta, cada vez que sonaba el teléfono, cada vez que simplemente se iluminaba la pantalla. ¿Por qué tardan tanto?, ¿no podrían llamar para decírmelo antes de ir a consulta?, ¿y si tengo cáncer?, ¿por qué he esperado tanto para querer ser mamá?… Demasiadas preguntas me aporreaban la cabeza.

Recuerdo ese 4 de febrero de 2011 como si fuese ayer, no dormí en toda la noche, mi marido pidió el día libre para no dejarme sola, ahí estabamos sentados en la sala de espera, con nuestro papel entre los dedos, recuerdo frío, tenía frío. Minutos después la doctora Calvo me daba la noticia, efectivamente tenía cáncer, parecía que estaba en fases iniciales, me operarían y tratarían.

Me miró, nos miró, y nos dijo con sumo cuidado y dulzura, “se que estabais buscando ser papás, y esto es algo que no teníamos planeado, pero podemos ayudaros, y hay opciones”. Mis ojos se llenaron de lágrimas y de forma incontrolada empecé a llorar sin parar, mi marido no pudo contener las lágrimas, y en silencio me sujetaba las manos, las cuales no conseguía calentar.

Recuerdo aquel día como en una nebulosa, la doctora me explicó todo lo relacionado con la estimulación y extracción de mis óvulos, debían asegurarse que esas células no sufrieran ningún daño por si los oncólogos debían tratarme tras la cirugía. Me parecía todo una peli de mal gusto, quería levantarme, sacudirme las palomitas y salir corriendo, pero esa peli era sobre mi vida, y yo era la protagonista.

Me lo pusieron todo muy fácil, me hicieron un ciclo de estimulación para conseguir los máximos ovocitos posibles. Recuerdo esos pinchazos, todas las noches a la misma hora, y recuerdo la alegría que me invadió al abrir los ojos después de que me sedarán para la extracción, “hemos conseguido 15, enhorabuena”. Es increíble que tu cabeza en ese momento esté mas preocupada por cuantos ovocitos puedes conseguir para ser mamá, que en tu propia supervivencia, supongo que es una forma de autoprotección que tiene el cerebro… o que me estaba volviendo loca…

Y llegó la operación, recuerdo las manos cálidas de la doctora Calvo, en ese frío quirófano, tocando mi mejilla y recordándome que todo iba a salir bien, recuerdo también a la doctora Ballester, mi oncóloga, con su perpetua sonrisa, y a esas maravillosas enfermeras, recuerdo la luz de aquel frío quirófano iluminando mi cara, sin casi poder abrir los ojos, recuerdo no recordar más, porque me quedé en el 3.

Y al abrir los ojos estaba él, mi amor, mi amigo incondicional, el que siempre estuvo a mi lado, tenía una bata verde desechable, y me agarraba mi siempre fría mano, tan fuerte como si me estuviese protegiendo de un gran tornado, recuerdo su cara de preocupación, y esa media sonrisa intentando tranquilizarme, “todo ha salido bien Cris, todo ha salido bien”.

Tras cinco años mi oncóloga me dio el visto bueno para empezar con la aventura de ser mamá, nunca me lo quité de la cabeza, y ahora, cuando me toco la barriga y noto como Mara me da patadas, doy gracias a todas esas maravillosas personas que encontré en mi camino y que me ayudaron a sortear ese gran obstáculo que nos puso la vida.

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